Luisa Revilla (1971–2021), primera autoridad trans en el Perú

Ha fallecido Luisa Revilla, primera mujer trans en ocupar un puesto de elección popular (regidora en el distrito de La Esperanza, Trujillo, para el periodo 2015–2018). Una mujer valiente , comprometida y muy amable. Su partida es una gran pérdida para la comunidad LGBT+.

A modo de homenaje, comparto la entrevista que le hice el 2017 como parte de mi libro “Más allá del arcoíris. Autoridades LGBTI en América Latina” (Planeta, 2017). Descansa en paz, Luisa.

“Esta es la vida que nos tocó vivir a las mujeres trans. Para lograr ser felices y alcanzar nuestros objetivos tenemos que hacerle frente a los ataques y crecer”

Eres la primera regidora trans del Perú, ¿cómo lo tomas?

Cuando recibí la noticia estuve muy emocionada, y al mismo tiempo tuve miedo. Conforme pasó el tiempo me he fortalecido, pero siento que tengo una doble responsabilidad: quedar bien ante la sociedad de Trujillo, especialmente con la municipalidad del distrito La Esperanza, y mostrarle que toda mujer trans puede hacer las cosas bien. Nosotras las mujeres trans estamos un poco invisibilizadas por “x” razones, y al haber salido elegida una mujer trans como autoridad causó conmoción en este país, especialmente en mi distrito, que cuenta con un alcalde evangélico, y la mayor parte del oficialismo en el Concejo — aproximadamente el 80% — también es evangélico; entonces es un reto. Pero te vuelvo a repetir, me fortalece porque es una gran responsabilidad, es un gran desafío, y lo debo afrontar de
la mejor manera posible.

¿Cómo así, siendo Trujillo una ciudad conservadora, se convierte en la primera del país en tener una mujer trans como regidora en uno de sus distritos?

Probablemente parte de la ciudadanía pensó que Luisa Revilla era una persona que iba llamar mucho la atención, pero no por su capacidad de trabajo, sino tal vez por el escándalo. Quizá creyeron que iba a hacer un mal uso de la exposición pública que esto generaba, o que mi conducta no iba a ser la más adecuada como autoridad. Incluso creo que los mismos funcionarios y el mismo personal de la municipalidad esperaban eso; pero era porque no conocían cuál era la labor que venía llevando a cabo años atrás, porque yo ya daba apoyo social en los sectores sociales más pobres de mi distrito. Esa labor de años ayudó a cambiar muchas mentalidades, porque veían que ese, disculpando la expresión, que ese “maricón” — porque no se conocía acá la palabra trans, todos éramos maricones — trabajaba en los lugares con más necesidades de la ciudad, con mucha perseverancia, desde muy temprano hasta muy tarde en la noche. Me gané así un espacio en el distrito de La Esperanza, donde colaboro con la Policía Nacional, soy coordinadora de seguridad ciudadana, trabajo con la amiga Susel Paredes en Barrio Seguro, he organizado diferentes eventos acá. Entonces he demostrado que no es tanto la
condición de la persona lo que importa (heterosexual, gay, trans, lesbiana), sino la capacidad que una puede tener para trabajar, para hacer gestiones en beneficio del pueblo; de un pueblo muy conservador, por cierto, pero se rompió ese estigma conservador. Eso es lo importante de la visibilidad: muchas chicas trans, muchos chicos gays, lesbianas, le han dado un enfoque muy positivo a esta comunidad, y creo haber ayudado a ello.

Tienes que convivir con muchas autoridades que son evangélicas. ¿Cómo lo haces?

La amabilidad y la cortesía siempre existen, pero eso no indica que sus principios y convicciones vayan a cambiar. Tengo que decir que nunca estos regidores me han hecho sentir mal, pero cuando presenté mi proyecto de ordenanza para combatir la discriminación por orientación sexual e identidad de género, debo admitir que sentí mucho temor, mucho miedo. Me costó un año sensibilizarlos, educarlos sobre este tema, pero dio sus frutos: en diciembre del año pasado pudimos aprobar esa ordenanza por unanimidad. Ni un voto en contra. Ello demostró que cuando realmente existe la voluntad
y conocimiento de causa, cuando hay sensibilización por parte de nuestra comunidad orientada a esta otra comunidad, que es a veces tan intolerante, damos un gran paso para que todos y todas podamos convivir, sin excluir a ninguna minoría.

Precisamente en diciembre, mientras lograbas por unanimidad aprobar esta ordenanza, despertaba en el país un movimiento con bases evangélicas y conservadoras llamado Con mis Hijos no te Metas, que han emprendido una especie de guerra contra cualquier asunto vinculado al género. ¿Cómo se ha vivido este movimiento en el norte del país?

He tenido algunas conversaciones con personas de dicho colectivo
en algunos canales de televisión, radio, también prensa escrita. He podido conversar en diversos medios de comunicación con pastores, con representantes de las iglesias evangélicas. Hemos tenido una confrontación muy educada, sin agravios. Te cuento que aquí en Trujillo hay un pastor evangélico que es uno de lo más acérrimos activistas de esa causa de Con mis Hijos no te Metas, contra la comunidad LGBTI, y que está en contra del currículo escolar y de cualquier norma que nos incluya. Un día nos tocó debatir sobre el tema del currículo, y yo le dije: “Bueno, tanto tú como yo estamos preocupados por la educación que se imparte en este país; tú desde tu punto de vista y yo desde el mío, pero coincidimos en algo importante, que es que los niños tienen que tener una educación integral, que los prepare para la vida. Eso no está sucediendo, y tenemos que trabajar juntos para que suceda”. Nos dimos la mano, nos abrazamos e incluso nos tomamos fotos. Me rogó para que esas fotos nunca las publique en redes sociales [risas]; por ahí las tengo archivadas. Imagínate, Alberto, cuando existe un debate alturado, cuando vas a intentar comprender al otro, cuando tienes claras tus ideas y tus propuestas, y buscas los puntos en común con el otro, es posible algún tipo de acercamiento. Creo que podemos lograr que se entienda que todos tenemos los mismos derechos, seamos lo que seamos, y que merecemos respeto y dignidad.

Me gusta tu enfoque positivo, pero imagino que también debes recibir muchos mensajes negativos o ataques…

No he recibido muchísimos ataques, pero no puedo negar que existen, o cuestionamientos que son negativos. Por ejemplo, en la prensa salió una nota que se titulaba: “¿Regidor o regidora?”. También se inventan noticias en las redes, como que yo habría agredido a una mujer; o hace poco hackearon mi correo electrónico, y tuve que crearme otro. También hay que señalar que en la ciudad hay mucha violencia, es un distrito tan coaccionado, donde existe el tema del sicariato, de la inseguridad ciudadana, de la discriminación. Siempre hay el temor de que uno se pueda cruzar con un desquiciado que diga “esta persona está motivando que mi hijo se vuelva maricón y mi hija lesbiana”, y quiera atentar contra mí. Me siento ahorita un poco temerosa, porque me pueden pasar algunas cosas, pero igual tengo que seguir trabajando y ser fiel a mis compromisos.

¿Y cómo haces para superar ese miedo?

Bueno, yo no sé si será bueno decírtelo, pero me considero muy creyente. Tengo la fortaleza de Dios y de mi familia, y creo que si es su voluntad estaré bien.

¿Y cómo es el activismo LGBTI en esta parte del país? En especial
ahora, que eres autoridad.

A veces me siento sola porque no hay aquí en Trujillo alguna otra
autoridad que sea abiertamente gay, una autoridad declaradamente lesbiana o trans que pueda sumarse a una lucha frontal, directamente, buscando estrategias de acercamiento o incidencia política en diversos sectores. Ojalá en estas elecciones de 2018 haya una apertura para la comunidad LGBTI, para facilitar que haya un cambio, para vivir en igualdad. Siempre lo digo, avanzar como una sociedad respetuosa de los derechos humanos, de los derechos LGBTI, hará que nos volvamos una sociedad sin violencia, sin discriminación. Hablamos de pacificar, de mejorar las cosas en el país, pero es muy difícil, falta mucha educación, mucha sensibilidad. A veces creo que la sociedad en el Perú no está preparada, que aún no podrá darse la unión civil o el matrimonio igualitario; sin embargo, hay un aspecto más fácil de poder negociar: podríamos tener una ley de identidad de género.

Por ejemplo, estuve conversando con el prefecto Fernando Armas
sobre una agenda de temas de La Esperanza, y le solicité tener una reunión con la comunidad LGBTI. Él me respondió que la política de trabajo del presidente Pedro Pablo Kuczynski es inclusiva en todos los aspectos, y que todos están presentes en su gobierno. Entonces, en la reunión le solicité dos cosas importantes. Una, que a través de su investidura pueda gestionar mesas de trabajo LGBTI con los congresistas de la República que representan a La Libertad, y me dijo que sí, que tal vez no estarán todos en una mesa, porque hay diferentes posturas, pero sí uno o dos. Y dos, le solicite que a través de su persona fuera posible hacer una mesa de trabajo con los ministerios que tienen representación acá en La Libertad, para ver tres temas fundamentales: bolsa de empleo mediante el programa de promoción del empleo para toda la comunidad LGBTI, en especial las chicas trans, que son las más excluidas; sobre el nuevo enfoque de salud de las mujeres trans, pues no queremos que nuestras mujeres se inyecten clandestinamente material que es peligroso; y ver de qué manera se puede facilitar el cambio legal de nombre en los
documentos de identidad y oficiales, porque no hay realmente una
política de integración sin ese tema. Esa es la agenda de la identidad
de género en la que podríamos avanzar. Además, recordemos que la situación de las mujeres trans es más vulnerable que la de los hombres gays o mujeres lesbianas; ellos están más preparados, ellos sí han podido estudiar, trabajar y todas esas cosas. Tú sabes que la realidad de una trans es bien complicada, del 100% creo que el 0,5% son las que por lo menos han estudiado o tienen algo; muchas de ellas siguen sin terminar la secundaria y otras tantas no tienen ni el nivel medio, y la verdad de las cosas, seguimos en lo mismo. Somos las más vulnerables dentro de los vulnerables.

¿Cómo es tu relación con el activismo LGBTI? ¿Te asumes como una representante?

Somos ocho organizaciones que conformamos la plataforma LGBTI de La Libertad, y yo soy parte de una de las organizaciones, la Red Trans. Internamente siempre tenemos discrepancias. Por ejemplo, en la coyuntura política que me encuentro veo bastante apertura para hacer mucha gestión, pero a veces eso no es bien visto porque si gano demasiado protagonismo eso origina celos en las compañeras trans, en los compañeros gays y en las compañeras lesbianas. Es muy tedioso hacer que todas y todos podamos compartir por igual las oportunidades o las gestiones. Dentro de la plataforma LGBTI tenemos apristas, apepistas, pepecistas, fujimoristas, etc., y siempre
decimos: “Nuestras diferencias no van a empañar el objetivo que tenemos”, pero como muchas personas todavía no tienen el espacio político, existe la envidia y el egoísmo. Esos son algunos de los motivos por los que tal vez no hayamos podido avanzar más. Siento que entre nosotras mismas nos hacemos daño, pero solo nosotras podremos parar eso.

Yo soy muy directa y franca, y creo que hay que ser estratégicos. Por ejemplo, muchos activistas acá me hicieron leña cuando me entrevisté con Martha Chávez. Me dijeron que cómo era posible, me fastidiaron mucho. Pero si te das cuenta, muchas de las personas que se desbordan con esto del activismo y de estar en la lucha son jóvenes que no han pasado lo mismo que nosotros. Tengo 47 años, y la comunidad LGBTI de ahora no ha sufrido como hace veinte años atrás. Gracias a nuestras luchas, la sociedad se ha vuelto un poco más tolerante, pero no olvidamos cómo ha sido el proceso. Soy una mu-
jer trans un poco mayor, y tengo una forma distinta de pensar que muchos activistas jóvenes.

Creo también que falta mayor unidad dentro del colectivo LGBTI. Cuando a mí como mujer trans me preguntan sobre cuán importante es la unión civil y el matrimonio igualitario, o la identidad de género, suelo decir que, como mujer trans, es más relevante una ley de identidad de género para poder vivir con dignidad, pero también son muy importantes la unión civil y el matrimonio igualitario, por un asunto de dignidad y de inclusión. Las mujeres trans, pese a considerar más importante la identidad de género, también
tenemos que apoyar esos puntos de agenda, y lo mismo deben hacer gays y lesbianas, apoyar la identidad de género; porque de eso se trata, de estar unidos y apoyarnos en todo sentido.

En estos días hemos visto el caso de Dayana Valenzuela, una mujer trans que está postulando al Miss Perú Universo. Es la primera vez que ocurre, y ha recibido muchos ataques transfóbicos. ¿Cómo te sientes cuando algo así ocurre?

Alberto, cuando yo sufría ataques así a lo largo de mi vida, me dolía hasta el alma, me sentía muy mal, pero siento que vas evolucionando, que vas tomando conciencia de que tú has decidido meterte en esta situación y de que tienes que crecer para hacerle frente y lograr cambios. Eso requiere mucha estabilidad emocional. Le recomendaría a Dayana que siga fuerte, con temple, que sea muy inteligente en sus declaraciones y en su actuación. Va a seguir recibiendo ataques, pero esta es la vida que le tocó vivir, esta es la vida que nos tocó vivir a las mujeres trans, y para lograr ser felices y conseguir nuestros objetivos tenemos que hacerle frente a estos ataques y crecer. Eso lo
tengo clarísimo.

Por un lado tenemos una regidora trans, un teniente alcalde gay en San Martín y dos congresistas abiertamente gays, pero por otro lado vemos que el Congreso deroga el Decreto 1323, que nos protegía, y no avanzamos con la necesaria ley de identidad de género. ¿Crees que como país estamos avanzando?

Siendo lo más objetiva posible, la verdad es que no. Si hacemos una
comparación con países vecinos, de la región, vemos que hay avances importantes. Muchos ya tienen una ley de identidad de género, incluido Bolivia, desde el año pasado. Es cierto que algo hemos avanzado, pero todavía no logramos progresos significativos, y a veces también retrocedemos en las cosas básicas que conseguimos, como la protección contra la discriminación que nos daba el Decreto 1323. Lo que a mí me gustaría es que se vea mayor unidad en el colectivo LGBTI, que nos alineamos detrás de una estrategia clara para lograr resultados en la agenda legislativa. Hasta los animales tienen leyes que los protegen, y nosotros, que somos seres humanos, que somos peruanos como todos, que contribuimos a la sociedad, estamos des-
protegidos, expuestos, y la mayoría en el Congreso parece no darse cuenta o no interesarle. Eso hace que una sea pesimista frente a los avances del país, que los hay, pero en comparación con los vecinos son muy pocos.

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(Perú, 1986). Excongresista. Pro familias (todas).

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Alberto de Belaunde

Alberto de Belaunde

(Perú, 1986). Excongresista. Pro familias (todas).

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