La revolución del Derecho

Discurso en la Ceremonia de Apertura del Año Académico de la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacífico. Lima, 25 de marzo de 2019.

Agradezco a la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacífico por esta generosa oportunidad que me brinda el día de hoy para compartir algunas ideas con su comunidad. Y hago votos para cuando termine este discurso sigan pensando que fue una buena idea invitarme.

Porque hoy quisiera hacer un discurso distinto, haciendo eco de un llamado que viene realizando el Dalai Lama desde hace unas décadas a la humanidad. Este llamado es para hacer una revolución. Pero no una revolución violenta, como las que caracterizaron al siglo XX. Este es un llamado para hacer una revolución que tenga como base la espiritualidad.

Las personas suelen confundir espiritualidad con religión. Empecemos por distinguir ambos conceptos,como bien señala el propio Dalai Lama. La religión implica un sistema de creencias basada en fundamentos metafísicos, que involucran dogmas y rituales. La espiritualidad, por otro lado, es el desarrollo de cualidades profundamente humanas, como la compasión, la paciencia, la tolerancia, el perdón, el sentido de responsabilidad. El Dalai Lama sostiene que estas cualidades son la fuente para nuestra propia felicidad y para la felicidad del resto, independientemente de cualquier credo religioso que legítimamente uno pueda profesar. Esta diferencia conceptual lo lleva a una conclusión bastante provocadora para un monje tibetano: uno puede vivir sin religión, pero no puede vivir sin espiritualidad.

Sin embargo, la espiritualidad y lo que ella supone no suele estar presente en nuestra reflexión cotidiana. Por eso quiero traerla al aula universitaria – espacio de reflexión por excelencia – y compartirla hoy con ustedes. Creo que todos estaremos de acuerdo en que estos valores vinculados a la espiritualidad no se encuentran muy presentes en las facultades de Derecho. ¿Cuántas veces en una clase de derecho civil escuchamos sobre tolerancia? ¿Cuántas veces en una clase de derecho penal hablamos de la compasión? ¿Es el sentido de la responsabilidad un concepto tan presente en nuestra vida académica como es el de la excelencia?

Y esto debería parecernos curioso. Porque la base de nuestra carrera, la base del Derecho, es la justicia. Y el perdón, la compasión, la responsabilidad, la tolerancia, la paciencia están estrechamente vinculados al concepto de justicia. Estoy seguro que muchos de ustedes escogieron la carrera de Derecho porque comparten una fuerte creencia en la necesidad de justicia.

Omitir estos conceptos en el debate académico no son un problema que se circunscribe a esta Facultad, una de las que mayor formación humanista ofrece en el país. Creo que es un síntoma de la sociedad en la que vivimos, donde la idea de éxito está más relacionada al triunfo personal que al de la comunidad que nos rodea; donde es más importante qué tenemos y no quiénes somos; una idea de éxito que está más relacionado a dónde llegamos y cuál es la siguiente meta, en vez de pensar. qué estamos haciendo desde el lugar donde nos encontramos; finalmente, donde la idea de felicidad parece responder más a las expectativas de terceros que a nuestros propios anhelos.

Al hablar de las sociedades occidentales. el Dalai Lama señala que siempre ha admirado nuestra energía, nuestra creatividad, nuestro hambre de conocimiento; pero hay algunos elementos que lo preocupan. Uno de ellos es la falta de conciencia en torno a la interdependencia ¿A qué me refiero con esto? Para el budismo tibetano, la interdependencia es un concepto clave en la base de su sistema de creencias. Todos dependen, dependemos, de los demás. Nuestra vida es viable debido a la existencia de los otros. Y esto no se limita a los seres humanos, sino que incluye a todos los seres vivos.

Este concepto milenario de interdependencia ha sido validado y es utilizado por la ciencia. La Ecología, por ejemplo, es definida como la ciencia que estudia la relación que establecen los seres vivos y el medio ambiente en el que se desarrollan. Y hoy, en plena crisis del cambio climático, sabemos del impacto que puede tener para un ecosistema la desaparición de una de las especies que lo integran. Un ejemplo claro y dramático es el de las abejas, cuya extinción llevaría, en pocos años, a la extinción de la mayoría de seres vivos en el planeta, incluído el ser humano.

Pero, así como la interdependencia ha sido validada por las ciencias naturales, también debe ser validada y e instalada en el centro de otras disciplinas, como el Derecho. La noción de justicia implica necesariamente la noción de interdependencia: Preguntarnos, por ejemplo, si una norma no solo es legal sino también justa, es pensar en el otro y cómo esa norma lo afecta; es pensar. cómo. impacta en toda la sociedad; es tomar en cuenta a aquellas otras personas, e incluso otros seres vivos, con los que compartimos este mundo.

Cuando Donald Trump impuso de manera intempestiva una prohibición para que personas de determinados países, predominantemente musulmanes, puedan ingresar a Estados Unidos, de inmediato cientos de abogados norteamericanos que se encontraban en los aeropuertos de manera circunstancial como pasajeros, dejaron de lado sus planes, prendieron sus laptops y se ofrecieron como abogados de las personas afectadas, convirtiendo los pasadizos de los aeropuertos en estudios de abogados temporales, realizando estos patrocinios de forma gratuita. Este impulso tiene claramente raíces espirituales, pues vemos en acción la compasión por el otro y el sentido de responsabilidad al contar con conocimientos que pueden ayudar a quien lo necesita.

La pregunta es, así como la espiritualidad, cuán presente está la noción de interdependencia en nuestra formación como profesionales del Derecho. Cuán presente está el sentido de justicia. ¿La noticia de los abogados en el aeropuerto llamó la atención solo por la gran muestra de empatía y solidaridad que ella implicaba, o también por lo inusual que resultaba la misma?

Cuando en un país como el Perú se considera que un abogado tributarista es exitoso porque logra implementar complejos esquemas para la elusión tributaria en empresas, o se destaca a un abogado dedicado al derecho público que impulsa “simplificaciones administrativas” que facilitan la actividad económica a costa de la protección ambiental, o se vuelve normal que un procurador “defienda los intereses de su institución” a costa de los derechos fundamentales de los ciudadanos, cabe preguntarnos en qué lugar estamos poniendo a los demás, a la sociedad, a los vulnerables. Qué valores están entrando en juego en cada una de nuestras decisiones. Donde queda la noción de interdependencia, y cuál es el sentido de justicia que estamos manejando.

Parte del problema está en que estamos renunciando al ejercicio de la introspección. La introspección nos permite reflexionar sobre quiénes somos, qué estamos haciendo y cómo nos estamos relacionando con el resto. Es una gran manera de mantener vigente la idea de interdependencia y los valores de la espiritualidad. Sin embargo, el día a día no nos ofrece espacios para introspección; y, por el contrario incentivan lo que se conoce como el bloqueo mental, la incapacidad de poder hacer una valoración de nosotros mismos y nuestro contexto.

Cada año, en las primeras clases del curso de Responsabilidad Profesional del Abogado que dicto en esta Facultad, hago una advertencia a los estudiantes: muchas de las inconductas éticas que cometen los abogados se producen sin que el abogado sea consciente de lo que ocurre. Normalmente tenemos la idea de que las faltas éticas implican la voluntad de las personas en cometerlas, y que si uno es bueno, pues eso es suficiente para estar libre de la posibilidad de cometer una infracción. Y uno ve los casos que día a día se dan en la profesión, y constata que esto no es así: Abogados éticos pueden cometer faltas éticas, y los casos son más comunes de lo que uno pensaría. Y esto se da no solo por desconocimiento de normas o el marco conceptual de la ética profesional, sino también por ese bloqueo que evita la introspección, que nos pone en un piloto automático donde nuestras acciones sólo importan en sí mismas, y no en el impacto que estas pueden tener en nuestros clientes, en el sistema de justicia y en la sociedad en su conjunto. Esto nos puede llevar a ser hombres y mujeres de derecho, pero no hombres y mujeres de justicia. Y esto tarde o temprano tendrá un impacto en nuestra felicidad y la felicidad de quienes. nos rodean, pues está demostrado que en el largo plazo solo el trabajo con propósito – el trabajo con espiritualidad – es el que genera una auténtica satisfacción y sentido de realización.

Inicié estas palabras hablando del llamado a la revolución que nos hace el Dalai Lama. Él a veces lo llama la revolución de la espiritualidad, o la revolución de la compasión. Yo quisiera adaptarlo hoy a este particular contexto académico y llamarlo la revolución del Derecho. Y esta revolución tiene como uno de sus escenarios las aulas de esta Facultad: Aprovechemos este nuevo ciclo para pensar en cómo formar – en cómo formarnos – como abogados auténticamente felices, en reflexionar más sobre el sentido de nuestra carrera, los valores que estamos promoviendo, la noción de interdependencia y nuestro sentido de justicia.

Llenemos nuestras vidas de espiritualidad a través del noble ejercicio de esta maravillosa carrera. El impacto en la sociedad será verdaderamente revolucionario.

Muchas gracias.

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(Perú, 1986). Excongresista. Pro familias (todas).

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Alberto de Belaunde

Alberto de Belaunde

(Perú, 1986). Excongresista. Pro familias (todas).

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